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| (Imagen generada con IA) |
Redacción.- Recibir boletines, promociones y newsletters es algo cotidiano para los usuarios de correo electrónico, y para quienes desean dejar de recibir mensajes de una empresa, suele ser tentador hacer clic en el típico enlace de “darse de baja” o “unsubscribe”.
Esta opción existe por comodidad y por imperativos legales: las leyes de protección de datos garantizan el derecho a retirarse de listas de distribución. Gmail, por ejemplo, exige este mecanismo cuando se superan 5,000 envíos diarios o se trata de mensajes promocionales. Outlook, aunque no lo hace obligatorio, también lo permite y la mayoría de empresas lo aplica para cumplir la ley.
Cancelar suscripciones: un riesgo silencioso
Los ciberdelincuentes se aprovechan de esta práctica suplantando la identidad de empresas conocidas y colocando enlaces maliciosos disfrazados de botones legítimos de desuscripción. Al hacer clic, el usuario abandona el entorno protegido del cliente de correo —Gmail, Outlook u otro— y accede a sitios fraudulentos diseñados para robar datos, instalar malware o verificar que la cuenta está activa.
Según DNSFilter, 1 de cada 644 clics en enlaces de baja lleva a páginas potencialmente peligrosas. Si el usuario accede a estos sitios, los atacantes pueden marcarlo como objetivo “real” y enviarle más phishing, spam o nuevos intentos de fraude.
Aunque la mayoría de empresas cumple la ley, ninguna puede evitar que sus comunicaciones sean falsificadas. Por eso, muchos usuarios reciben correos de supuestas marcas con las que nunca tuvieron relación y, al hacer clic en “cancelar suscripción”, caen en la trampa.
¿Qué hacer para no caer en estafas?
Los especialistas recomiendan no usar enlaces externos y, en cambio, bloquear directamente al remitente desde la configuración de Gmail, Outlook o tu app de correo. De esta forma, todos los mensajes de esa dirección llegarán a spam automáticamente, sin exponer datos personales.
Sin embargo, bloquear no borra tus datos de la base de la empresa. Para eso, lo más seguro es contactar directamente a la compañía mediante sus canales oficiales —página web, “Política de privacidad” o “Aviso legal”— y solicitar la supresión de datos. Según la normativa europea, deben responder en unos 30 días. Si no lo hacen, se puede denunciar ante la Agencia Española de Protección de Datos, que obliga a la empresa a cumplir.
Además, es aconsejable configurar filtros y reglas inteligentes en Gmail u Outlook para clasificar correos y limpiar la bandeja de entrada, minimizando la interacción con enlaces inseguros.
La Nación Informa


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