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martes, 4 de noviembre de 2025

Noviembre: Un Mes de Tragedia para el Gran Santo Domingo

 


Redacción | La Nación Informa | 04 de Noviembre de 2025


El mes de noviembre se ha convertido en un símbolo de tragedia para el Gran Santo Domingo, tras ser azotado por lluvias torrenciales tanto en 2022 como en 2023. En ambas ocasiones, la capital sufrió colapsos en el tránsito, inundaciones en avenidas principales, y un lamentable saldo de muerte y destrucción.


2022: La Primera Tormenta


El 4 de noviembre de 2022, un aguacero torrencial descargó más de 70 milímetros de agua en menos de tres horas, superando los promedios históricos de todo un mes. Las principales arterias del Distrito Nacional, como 27 de febrero, John F. Kennedy, Máximo Gómez y Winston Churchill, quedaron completamente inundadas.


Ese día, la tragedia se cobró la vida de nueve personas y provocó daños materiales estimados en mil millones de pesos, según el Centro de Operaciones de Emergencias (COE). Las desgarradoras imágenes de automóviles flotando y familias atrapadas en sus hogares evidenciaron la falta de protocolos adecuados y la fragilidad del sistema de drenaje pluvial.


2023: Un Evento Aún Más Devastador


Un año después, el 18 de noviembre de 2023, la historia se repitió con una magnitud aún mayor. En menos de 24 horas, se registraron 431 milímetros de lluvia, el mayor acumulado de precipitación en un solo día en la historia del país, según la Oficina Nacional de Meteorología (Onamet) y el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrhi).


Las consecuencias fueron devastadoras: al menos 30 fallecidos, cientos de viviendas afectadas y daños que superaron los RD$7,000 millones. Un estudio del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) reveló que más de 132 kilómetros cuadrados de zonas urbanas en el Distrito Nacional y Santo Domingo Oeste resultaron afectados por las inundaciones de 2023.


Causas y Consecuencias


Ambos eventos climáticos compartieron no solo el mes, sino también un patrón meteorológico similar: la combinación de una vagada con una onda tropical. Sin embargo, las autoridades han reconocido que la saturación del drenaje, el crecimiento urbano desordenado y la ocupación de cañadas han agravado los efectos de estas tormentas.


Tres años después de la primera tragedia y dos de la segunda, noviembre continúa siendo un recordatorio de la fragilidad del sistema urbano ante el cambio climático. Aunque el Gobierno ha anunciado planes para la reconstrucción de cañadas y la ampliación del drenaje pluvial, los especialistas advierten que las soluciones deben ser estructurales y no meramente reactivadas.


La comunidad espera que estas tragedias sirvan como un llamado a la acción para mejorar la infraestructura y prepararse mejor ante los desafíos que presenta el cambio climático.

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